Cada 17 de octubre, el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza nos recuerda que millones de personas siguen enfrentándose a situaciones de desigualdad y exclusión social. Una realidad especialmente preocupante cuando afecta a la infancia, porque crecer en un entorno de pobreza no solo implica disponer de menos recursos económicos, sino también enfrentarse a mayores dificultades para acceder a oportunidades educativas, sociales y de desarrollo personal.
En España, uno de cada tres menores de 16 años se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social. Detrás de esta cifra hay niños, niñas y adolescentes con capacidades, sueños y aspiraciones que no siempre cuentan con los mismos apoyos para hacerlos realidad.
La pobreza infantil no es una cuestión de falta de talento o esfuerzo. Es una cuestión de desigualdad de oportunidades.
25 años abriendo oportunidades a través de la educación
En 2001, María Entrecanales, Ana Varela y Teresa Rodríguez impulsaron en el barrio madrileño de Tetuán un proyecto con una convicción: ofrecer a niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad un espacio de apoyo, cuidado y oportunidades.
Lo que comenzó como una iniciativa local se ha convertido, 25 años después, en un proyecto educativo y social que acompaña cada año a cerca de 3.000 niños, niñas y adolescentes y a más de 1.000 familias.
A lo largo de este tiempo hemos aprendido que el acompañamiento continuado puede marcar una diferencia decisiva. Contar con una persona de referencia, recibir apoyo educativo, desarrollar habilidades personales y sociales o disponer de un espacio seguro donde sentirse escuchado son oportunidades que pueden cambiar una trayectoria vital.
Porque la educación no solo ayuda a aprender. También permite recuperar la confianza, descubrir capacidades y construir nuevas posibilidades de futuro.
Historias que demuestran la importancia de llegar a tiempo
Con motivo del 17 de octubre, El Confidencial ha publicado el reportaje «La Fundación Balia: un salvavidas frente al abismo de la pobreza infantil», en el que recorre nuestros orígenes y pone el foco en el impacto del acompañamiento educativo.
El artículo recoge los testimonios de Marta Mosquera y Erick Modesto, dos personas que formaron parte de Balia y que comparten sus experiencias personales, las dificultades a las que tuvieron que enfrentarse y el papel que desempeñó la Fundación en sus vidas.
Sus historias nos recuerdan algo fundamental: detrás de cada programa educativo hay personas, vínculos y oportunidades que trascienden el tiempo que pasan en nuestros centros.
Son también un reflejo de lo que hemos querido construir durante estos 25 años: un lugar donde cada niño, niña y adolescente pueda sentirse acompañado, desarrollar su potencial y encontrar nuevas oportunidades, independientemente de sus circunstancias de partida.
Erradicar la pobreza infantil es una responsabilidad compartida
La pobreza infantil no puede abordarse únicamente desde la falta de recursos económicos. Sus consecuencias afectan al aprendizaje, al bienestar emocional, a las relaciones sociales y a las oportunidades de futuro.
Por eso, desde Fundación Balia defendemos una intervención educativa integral y continuada, que acompañe a la infancia y la adolescencia, trabaje junto a sus familias y contribuya a reducir las desigualdades.
Pero este reto no puede afrontarse en solitario.
Necesitamos el compromiso de las administraciones públicas, las empresas, las entidades sociales y la ciudadanía para construir una sociedad en la que ningún niño o niña vea limitado su futuro por las circunstancias en las que ha nacido.
Este 17 de octubre, nuestro mensaje es claro: la pobreza infantil no debe convertirse en un destino.
Llevamos 25 años trabajando para abrir oportunidades a través de la educación. Y queremos seguir haciéndolo junto a todas las personas y organizaciones que creen, como nosotros, que cada infancia merece un futuro lleno de posibilidades.
Súmate a quienes abren oportunidades. Colabora con Balia